El desconcertante río que surgió de la noche a la mañana en el centro de Argentina

Ana Risatti escuchó el rugido y pensó que se trataba de un efecto del aguacero incesante que había castigado la provincia argentina de San Luis toda la noche.

“Casi me desmayo cuando vi lo que realmente era”, dijo al diario británico The GuardianRisatti, de 71 años, recordando esa mañana de 1985. “La tierra se había abierto como un cañón. El agua estaba llegando tan lejos como me alcanzaba la vista”.

Las inundaciones y el deslave en 1985 marcaron el nacimiento del Río Nuevo, un suceso que todavía hoy desconcierta a los científicos, preocupa a los ecologistas y los agricultores, y pone en tela de juicio el costo ambiental de la dependencia de Argentina de la soja, su principal cultivo de exportación.

El barranco que se abrió paso tan dramáticamente a lo largo de la granja de Risatti esa noche se extiende ahora por 25 km. En su punto más profundo tiene 60 metros de ancho y 25 de hondo, indica un amplio reportaje de The Guardian.

La investigación indica que el surgimiento del río -entre otros efectos- es resultado de una deforestación generalizada para dar paso al cultivo de soja, que ahora cubre el 60% de la tierra cultivable del país. Según Greenpeace, se han perdido unos 2,4 millones de hectáreas de bosque nativo en los últimos 10 años.

“Se dio por tres factores”, dijo el investigador del Conicet, Esteban Jobbagy, a The Guardian. “Número uno, hemos estado pasando por años lluviosos en el pasado reciente, el clima ha estado cambiando. Luego, la naturaleza de los suelos que tenemos aquí, que son bastante inestables. Y tercero, el hecho de que esta cuenca hidrográfica está albergando mucha agricultura por primera vez”.

La zona estaba cubierta originalmente por los bosques de caldén y por pastizales, pero actualmente la mayor parte de la cuenca del Morro -a 110 km de la capital de la provincia- está bajo agricultura continua, que incluye maíz y soja. Como parte de sus efectos negativos, el Río Nuevo está aportando agua salada al Río V, donde desemboca y en el que se diluye.

A diferencia de la selva profunda que ha sustituido, el frijol de soja tiene raíces cortas y crece sólo unos pocos meses del año. A veces todos los campos pueden desaparecer cuando el río se desborda y deja capas de sedimentos alcanzan que alcanzan hasta un metro de espesor.

Para agravar el problema, los agroconglomerados tienen pocos incentivos para preservar la sostenibilidad del suelo. Si una parcela se vuelve inutilizable, simplemente se trasladan a otra área, dejando que los propietarios se encarguen del problema.

Aun sí, el cultivo es popular y rentable. Se han demolido granjas para arrendar tierras adicionales para a los productores de soja. La legendaria figura del gaucho comienza a desaparecer del paisaje argentino.

“Muchos agricultores ahora viven en la ciudad”, dice Alberto Panza, un ganadero. “Es más fácil mudarse y alquilar su tierra a una empresa que cultivarla usted mismo”.

Consciente del problema, la provincia de San Luis está obligando a los terratenientes a preservar el 5% de sus granjas como bosque o pasto y plantar cultivos que consuman agua cuando sus tierras no se utilizan para el cultivo de soja.

Argentina es el tercer país productor de soja del mundo, después de Estados Unidos y Brasil, y produce el 18% a nivel mundial. En 2016, las exportaciones combinadas de soja, harina de soja y aceite de soja representaron el 31% de las exportaciones totales del país.

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